1. El enemigo silencioso: las afeitadoras desafiladas Usar una hoja que ya perdió filo es como intentar cortar un papel con una tijera vieja: en lugar de un corte limpio, terminas arrancando el papel. Lo mismo pasa con tu piel. En vez de deslizarse suavemente, la cuchilla tironea los vellos, los corta de manera irregular y puede causar microcortes. Esos pequeños cortes no siempre sangran, pero sí generan ardor y enrojecimiento. 2. Las bacterias que se esconden en tu rasuradora Otra gran razón para dejar de usar afeitadoras malas (o viejas) es la higiene. Cada vez que te afeitas, restos de piel, vello y espuma se quedan entre las hojas. Con el tiempo, ese ambiente húmedo se convierte en el lugar ideal para las bacterias. Y lo peor es que, si no cambias la cuchilla o no limpias bien la afeitadora, esas bacterias vuelven a entrar en contacto con tu piel. El resultado? Infecciones, granitos y foliculitis, que no es más que la inflamación de los folículos pilosos. Si alguna vez not...
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